Amamantar

Llegaste, y al contemplarme, tus ojos rebosantes de incertidumbre se precipitaron desde sus órbitas y me preguntaste:

¿Qué demonios haces?

Y  yo te dije: “Amamantar”

Al ver que no entendías que mis pechos estuvieran fuera de lugar me giré y desaparecí tras la cornisa.

Fue entonces, cuando aquel ángel me llenó los rizos de incertidumbre y la nuca de escalofríos.

Fue entonces, cuando María se bebió las calles…y a ti.


Sobre el puente

Una vez ví asomarse tras la ventana una vida que intuía y deseaba como mía.

Una vez conseguí un beso prolongado inyectado de caricias y sexo alocado y sin prisas.

Una vez posaste tus labios sobre mis blancos senos eternamente ocultos al sol.

Una vez huí de un cordero con piel de lobo envalentonado.

Pero sólo esa vez lo fui todo, lo tuve todo.

Ahora no soy más que unos pulmones que respiran,

una boca que tiene sed,

una cabeza que se rige por el palpitar de un pecho temeroso.

No soy más que restos…

…los restos de una sombra frágil y tímida,

oculta tras el cableado de un puente lleno de cagadas de pájaro.

 


He de decidir

Tengo que decidirme entre tus labios o el incienso que salvaguardas de la quema en tu mesita de noche,
porque no autorizo seguir anteponiendo tu piel almidonada a la miel que satisface mi garganta en las noches heladas.
¿Como elegir entre lo debido y lo necesitado?
¿Dónde está el límite de lo meramente absurdo a lo infranqueable?
Puedo traspasar de forma inmediata y vulgar el espacio de tu ingle,
pero siempre será un objetivo demasiado fácil en estos tiempos que corren.

A pesar de los intentos por controlar y obligarme a la resistencia, ha llegado la hora de evitar que mi cordura y yo nos desvanezcamos, se que te prometí un tiempo, y te concedí el que pude, pero no estoy bendecida con el don de malgastarlo sin pagar un alto coste.

Puede que todo cambie, pero si no llega a ocurrir, si el océano no calma su tempestad, si el salitre no difumina las luciérnagas que me ciegan, tendré que marcharme con un hasta nunca, y colgaré sobre mi pecho un escapulario con tu esencia para meterlo bajo mis sábanas cuando la necesidad apremie o simplemente te eche de menos.

Aljana.


No habrá más

En la cubierta de madera, llegando ya al último tramo, observo las lucecitas que adornan mi sien. Dirijo la punta de mis dedos hacia el cielo e intento tocarlas. ¿Cuántas de ellas querrían adornar mis entrañas?

Inspiro fuerte y cierro los ojos lo que me lleva a recordar el aroma a sal que desprendía mi cuerpo tras reptar entre tus piernas.

Al partir me dijiste, quizás vuelvas algún día, y yo que dejé de confiar, dibujé una media sonrisa, te abracé y tu, de espíritu mágico, conseguiste que cientos de pétalos flotaran a mí alrededor formando una capa de dulce aroma y aterciopelado escudo.

Siento la vida dentro de mí, pero me duele, me molesta, mis pechos se endurecen y se emocionan al introducirse en la gélida agua del océano.

Me estremezco ante la idea de desaparecer pero me hace feliz, se que aún puedo hacerlo. Me meto desnuda dentro del agua, necesito soltar lastre de oscuridad e indecoro.

Si introduzco la cabeza el tiempo suficiente bajo el agua, podré limpiar el pasado, los años malvividos y justo cuando mi piel se torne violácea mis pálidos labios sonreirán al saber que el renacimiento sólo está a una expiración.

Mis músculos ya no volverán a ser flexibles, ni mi corteza suave con olor a limpio, mis ojos ya no podrán transmitir calidez ni mi deseo por tenerte, mi cabello decorado con rizos estarán tristemente desordenados.

Pero no habrá ni un día más en el que la locura, criatura de alma desangrada, me obligue a contemplar la imagen de lo que pude llegar a ser y no fui.

No habrá más días, no habrá nada más.

Aljana


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Una tarde más

Camino con la espalda encogida por el frío. Hoy ha vuelto a nevar y mi piel acostumbrada a otros aires se rompe y agrieta. Me tapo como puedo los palpitantes labios porque ya apenas es lo único que siento de mi rostro.

Tiro el bolso al asiento del copiloto y entro todo lo rápido que puedo, golpeándome una vez más la rodilla con el salpicadero.

Me han dejado el coche encajado y tras varias maniobras consigo salir y emprender de nuevo la vuelta al hogar. No me gusta esta época, salgo de casa antes del amanecer y vuelvo de noche, sin llegar a ver la luz en todo el día, y eso me hace sentir enferma.

Al incorporarme al tráfico apago la música, no puedo escuchar nada, necesito relajarme y respirar fuerte. Todos los semáforos se ponen rojos justo cuando perciben mi paso, todo está lleno de coches encerrados entre autobuses y hoy ya no puedo más.

Para matar el tiempo miro a mí alrededor y me topo con una valla de obras. Recorro con mis ojos cansados los hierros que la forman y al llegar a su cumbre atisbo una ventana de marco plateado, al principio no puedo ver nada más que sombras pero entrecierro un poco los ojos y consigo ver a un hombre joven abrazando a un niño, el pequeño va vestido con un pijamita verde que intuyo de algodón.

El niño apoya sus manos bien abiertas en el cristal helado y de su pequeña y dulce muñeca pende un tubo de plástico conectado a una bolsa de suero. Con sus deditos acariciaba el cristal y a la vez sujetaba el rostro de su padre. No tendría más de 3 o 4 años y en su cara se dibujaba una amplia y sincera sonrisa, bella, tranquila y pálida. El pequeño le señalaba al padre lo que veía tras el cristal, estaba ilusionado por ver la calle y las luces y el alboroto típico de Navidad. Dios, estaba tan lleno de vida… que dolía.

Y entonces me sentí como una puta egoísta y llorando, con el alma desgarrada, volví a pisar el acelerador, para huir, una tarde más.


El cometa

people always leave

Llevo tanto tiempo tras tus pasos, tras el rastro a perfume que dejaste delicadamente abandonado sobre mi almohada, aquella noche en la que ambos pedimos nuestra compañía con los labios y con los párpados resquebrajados, que he podido conseguir transformarme en un ser platino con la habilidad de escapar hacia el otro lado mientras el resto chapucea en balsas de lodo.

Tus ojos chispean al trazar el recorrido de luz que desemboca en el lado oscuro, donde conseguí sobrevivir a la catástrofe sin caducidad hacía donde se dirigían mis pasos.

Todos los que llegan se van en algún momento del capítulo de nuestras vidas, pero queda la esencia de lo que fue, de lo que se vivió y especialmente la cicatriz como muestra de la titánica lucha de las almas por conseguir actos puramente libres.

Me siento grandiosa tras el paso de mi vida por la tuya, que hermoso eres, cuán dulce es tu sonrisa de pillo por los pasillos de esta mansión que ahora se, sin el menor atisbo de duda, que permanecerá en pie durante siglos, dejándose atrapar gustosa por el paso del tiempo, orgullosa y capaz de erguirse ante los ciclones devastadores en los que el mundo un día se sumergirá, mientras yo como espectadora estaré a salvo, en mi roja habitación.

Hemos pasado toda una vida dando gigantes y torpes zancadas, y a pesar de que pensábamos que la meta estaba cerca, hasta que no llegó el cometa no pudimos transformarnos en una pulida estrella de diamante. Y ahora llegó el momento de alzar la voz  tan fuerte que los pulmones me arderán y desafiaré a todos los dioses para que se tiñan de envidia al verme desde sus ridículas nubes de algodón azucarado, plena y llena, triunfante de ser lo que quiero y quien quiero gracias a mi esfuerzo y a la suerte de encontrarte varado en el arcén de mi camino.

Aljana.


Muñeca rota

muñeca

Todos a los que quiero se desvanecen tras un adiós doloroso e inevitable que se posa sobre mi pecho asfixiándome y reduciéndome a un saco de huesos deshidratados.

Miro mis manos y las veo vacías y secas, les pregunto dónde está mi felicidad, pero ellas desconocen su paradero y balbucean toqueteando las teclas de un piano carcomido.

La tristeza de la partida me ha convertido en un ángel de alas negras que al desplegarlas sacuden la sangre obstruida en aquello que palpita de vez en cuando entre la parte superior de mis costillas.

Pero a pesar de que hoy me he levantado con ganas de romper todo lo que construí, el sol ha salido de nuevo acogiéndome con un abrazo reparador y ha conseguido ponerme de nuevo en el camino del ímpetu.

No todo en mi vida se compone de retales tristes ni de una rancia nostalgia, también se compone de grandes momentos de estremecimiento, de vampíricas noches en las que Lestat ya no se aprovecha de inocentes con piel rosada y sangre vital.

Tras muchas noches luchando contra mi destino supe nada más ver el final que aún no debía marcharme y aparté de un golpe lo que me azotaba la razón para continuar por el sendero de la luz y el perdón.

Soy la cazadora del dolor, atrapo sueños no concebidos, soy una amazona de pieles muertas que se dirige hacía el fondo de una gruta para vivir como ermitaña alimentándome de sentimientos, vampirizando las energías de quien se atreva a opinar de mi.

Hoy es el día en el que la muñeca rota se comerá el mundo tras haber unido los retales de su piel con el hilo de la divina comedia.

Aljana.


Entre tinieblas

soledad

A través de las tinieblas llegué hasta a ti. Desvanecida y deshecha de un amor ya caducado, comencé a leer tus letras de las que creí comprender todo el universo del que una vez quise escapar.

El único momento del día en el que puedo ser yo misma, es cuando estoy sola, alejada del bullicio de voces que truenan en mis tímpanos, iluminada por gordas luciérnagas suspendidas del techo. Pero huyo de mi y me acerco treinta horas al día a los pliegues de tus rodillas para que no me dejes a solas con mi rostro.

Pequeña guerrera de la luz quise ser y pasaba las horas luchando contra la mar rizada para evitar a duras penas que mi locura fuera irreversible, más lo único que conseguí, fue perder tus brazos y dilapidarme a un mundo de frigidez consentida.

Ya no se como sabe que me acaricien el cielo de la boca con pasión desbocada, ni que me vean como una princesa bella y única.

Ahora no soy más que los restos del diamante que intentaste pulir a tu antojo, una muñeca dirigida por cordeles deshilachados de hilo espinoso.

Lamento, sinceramente, que no hayas conseguido parar y embadurnarte de mi esencia, pero que he de esperar de un Ser frío e insensible con ojos de lagarto, oscura culebra eres…de palabrería escasa y de dudosa calidad.


Sirveme tus miedos

gothic

Sírveme tus miedos, entrégame las tinieblas que enfrían aquella belleza que, estúpida y miedosa, partió entre brumas escondida en el camarote de un cadavérico velero.

Introduce lo que azota tu espíritu de niño adormecido entre la telaraña de mis piernas y haré que lo que ahoga tu garganta desaparezca mientras esperamos la llegada del ángel sin sexo.

No puedo prometer que tras tu entrega todo vuelva a ser como antaño, ni que te vuelva a palpitar el pecho, ni siquiera que tus pulmones bailarán al son del crepúsculo, pero cuando uno ya no está vivo, cuando ya las ganas se esfumaron junto con el alba, lo único que nos revive es sentir de nuevo un falso reflejo en nuestra piel y brindar con copas de sudor la victoria obtenida en forma de placer.


Con la mirada perdida

Contador

Caminaba por el margen derecho del asfalto fijándome en todos los espléndidos y veraniegos transeúntes cuando, según alzaba los pies para continuar, sentí que mis ojos se convertían en un objetivo que capturaba a todos los figurantes que pasaban a mi alrededor a cámara rápida, mientras ella, la de mirada perdida, se mantenía quieta, decorada con un aura de locura, con los pies sobre una oxidada tapa de contador.

Vestía su mejor atuendo, un jersey fucsia adornado con decenas de bolitas de lana, delicias de felino.

Su blanco pelo mostraba los surcos dejados por dientes de plástico en un apresurado acicalamiento, pero lo más destacado eran sus tristes ojos, rodeados de bolsas repletas de vivencias cuya única sujeción se encontraba en su rechoncha nariz de payaso triste.

Y ahí es cuando deseé meter mis manos en su cabeza y robarle los recuerdos malos, o ser medicina y sanar su mente para que pudiera ver el mundo bello, un mundo en el que también hay sentimientos que reconfortan un alma quebrada, quizás así pudiera impedirle, aunque fuera por una sola vez, que vagara por inhóspitas tierras llenas de seres que nacieron escasos de humanidad.

Es la historia interminable que se cuela en mi cerebro un día más, en el que la impotencia recorre mi espina de pez prehistórico de manera inservible, porque bastan unos segundos para que esta se desvanezca al igual que un trozo de hielo en una taza de café.

Formo parte de un grupo de falsa compasión y pena en el que con tan sólo alejarnos unos metros de la escena, volvemos a nuestras cálidas casas olvidándonos de las espaldas rotas por el frio y noches sobre hormigón.


Tarde

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Federico García Lorca

Tarde lluviosa en gris cansado,
y sigue el caminar.
Los árboles marchitos.
Mi cuarto, solitario.
Y los retratos viejos
y el libro sin cortar…

Chorrea la tristeza por los muebles
y por el alma. Quizá
no tenga para mí Naturaleza
el pecho de cristal.

Y me duele la carne del corazón
y la carne del alma. Y al hablar,
se quedan mis palabras en el aire
como corchos sobre agua.

Sólo por tus ojos
sufro yo este mal,
tristezas de antaño
y las que vendrán.

Tarde lluviosa en gris cansado,
y sigue el caminar.


Sábanas

sabanas

Eres espina procedente de las húmedas noches en la alcoba de mis entrañas, desde que tus dedos entraron en mí por primera vez, torpes y presurosos, anhelantes de mi jugo.

Yo estaba dolida, transformándome poco a poco en un ser desconocido de pezones duros y ombligo roído de ansia.

Llegaste en el momento justo, cuando mis ganas necesitaban de una fuente de la que saciarse, como si de un lobo hambriento se tratara, con fuerza e ímpetu hasta llegar a la cumbre de un grito desgarrador que me llevara hacia el paraíso de la desnudez.

Nunca pensé que alguien amaría cada poro y arruga de mi piel sin esperar ni desear ningún cambio en ella, valorando todo lo que me compone, tal y como soy, sin mejoras ni accesorios innecesarios.

Amarme por lo que soy, desde que mi pupila despierta hasta que reposo mi cuerpo sobre las sábanas con rastro de gozo, donde saludamos al sol retozándonos con nuestros torsos lechosos.

Quiero tapar con mis nalgas el sol y transformar los días en eternas noches para deslizarme cautelosamente hasta tu trofeo, tantas veces como mis labios deseen y como mi lengua antoje, hasta que tu rostro se convierta en espejo del placer que te entregué junto con los resquicios de mi alma.

Aljana.


Compasión

angelbosque

Hace unos días, emprendí el vuelo en busca de alguien que se compadeciera de la tristeza que me inunda y quedarme, sin más, tranquila, con las pestañas entrelazadas por un tiempo infinito.

Pero una ventisca quebró las alas que llevo ancladas en la espalda y vine a parar aquí, a un tétrico y solitario paraje rodeado de árboles que intentan manosear las ropas que me cubren.

Entre todos los huéspedes que habitan en el prado insomne, ha sido justo en tus pies donde he ido a caer rota y sedienta.

Necesito que me arropes y que tejas con tus tiernas hojas una telaraña con la que acallar mi voz desgarrada, al menos hasta que desembarque de esta desoladora locura.

Al despertar, ya en calma, treparé hasta lo más elevado de tu torso y te abrazaré con la cintura, atreviéndome, traviesa, a cavar en tu interior laberintos de fresca y amarga miel.

Y entonces dormirás dulcemente, cuando el suspiro de invierno, traído por los acordes del arpa celestial, te entreguen a Morfeo; y mientras, decenas de ojos, ocultos tras la neblina, envidiarán la calidez que te regala el esponjoso y húmedo manto de musgo acampado en tu corteza.

Pero si decides no hacerlo, si decides no acogerme, prométeme que al menos hundirás tus ramas en mi pecho y desgarrarás con ellas el indecoro que en él reside; transformándome en un hada de polvos mágicos que trasmute cuando la medialuna mora asome entre quijotescos rascacielos.

Aljana.


Claroscuro

Claroscuro

Apenas son las doce y ya un manto de suaves nubes cubre la redondez de la luna.

Salí a buscar mi silueta perdida entre las sombras y aquí me encuentro, en lo más alto de la atalaya manteniendo el equilibrio a duras penas, obligándome a dibujar figuras claroscuras con el contoneo de mis tímidas caderas.

No se cuando llegué hasta aquí, ni el tiempo que me quedaré, quizás hasta que encuentre en el amanecer un abrazo cálido y reconfortante que consiga con un toque de magia reparar mi maquinaria precisa, hoy menos palpitante que ayer.

Las calles huelen a una nostalgia diferente, desconocida hasta ahora, algo más calmada, pero más firme.

El hambre me invita a saborear las mieles de quien amé y a quién amaré, quizás su aroma de sentido a la locura de esta vida mía que ya se sabe rancia y rota.

Siempre me pregunté si alguna vez podría cambiarlo todo, si la obsesión que me asaltó podría ser arrastrada por un huracán intravenoso hasta sepultarla en el fondo de un volcán que al estallar me salpicara la piel de algas.

Pero a pesar de todo, es posible que el dolor aparezca de nuevo mañana, es posible que no se borren de mis pechos los nudos marineros que me aprisionan en un polvoriento rincón.

Si eso llega a suceder, despertaré amnésica de sentimientos bellos, de entrega desinteresada, de besos castos, pero nunca del amor que me sedujo un día y cuyos restos quedaron tatuados en mis escamas.

Aljana.


La metamorfosis del vampiro

Baudelaire

La mujer, entre tanto, retorciéndose

igual que una serpiente en las brasas,

y amasándose los pechos por encima de las ballenas del corsé

dejaba deslizar de su boca de fresa estas palabras

impregnadas en almizcle.

<<Tengo los labios húmedos y conozco la ciencia

de perder en una cama la antigua conciencia.

Seco todas las lágrimas en mis pechos triunfantes

y hago que los viejos se rían con risas infantiles.

¡Para quien me ve desnuda y sin velos, sustituyo

a la luna, al sol, al cielo y a las estrellas!

Cuando aprisiono a un hombre con mis temidos brazos,

cuando abandono mi busto a los mordiscos,

timida y libertina, frágil y robusta,

soy, mi querido sabio, tan experta en deleites

que sobre ese colchón que se desmaya de emoción,

¡los ángeles impotentes se condenarían por mí!>>

Cuando me hubo chupado toda la médula de los huesos,

y me volví hacia ella con languidez

para darle un beso de amor, ¡no vi más

que un odre de flancos viscosos, rebosante de pus!

En mi helado terror, cerré los ojos,

y cuando volví a abrirlos a la viva claridad,

a mi lado, en lugar del fuerte maniquí

que parecía haber hecho provisión de sangre

entrechocaban en confusión unos restos de esqueleto,

que producían un grito como el de una veleta

o el de un cartel que, en la punta de una vara de hierro,

el viento balancea en las noches de invierno.

Charles Baudelaire (Las flores del mal)


Perdida

estrellaosamayor

Qué doloroso es volver a caminar con las piernas rotas tras una caída de siete pisos, tras un salto al fondo del pozo de tus ojos.

Despliego las embarradas alas y me aseguro con la punta de la lengua que los colmillos están sedientos de ti. Sin ser vista rodeo tu nuez y me enrosco cuál víbora en un árbol frutal. Qué guapo estás de gris…

Sobrevuelo desnuda por desérticas montañas hacía el país de nunca jamás. Por el camino me topo con un par de cuervos blancos que ríen a carcajadas al ver el rastro de lágrimas que perlan mis mejillas.

Con el alma negra y las venas inflamadas hago piruetas entre las estrellas mientras rozo con mis pechos el cielo de tu boca.

Seré una leyenda, una nueva derrota de la que, por última vez, saldrás engalanado y victorioso.

La belleza de la noche discurre como las horas, sin pena ni gloria, como palabras emborronadas por sangre de virgen derramada.

Próxima a la punta de mis rizos atisbo la espiral arabesca que me avisa del final; una fuerte ventisca me alza hacia el sol, derritiéndose mis alas en una burda imitación a Ícaro.

Ven hacia mí tormenta de tormento, ayúdame con tu espina dorsal rellena de angustia a borrar de mis entrañas la huella del fruto que no llegó a madurar.

Aljana.


Entre tus muslos de nácar

The lovers-Jan Saudek

The lovers-Jan Saudek

Mientras la noche duerme sola y taciturna, la punta de mis dedos recorren el cristal de la ventana donde se ha posado mi aliento tras una velada escondida entre tus ingles.

Tengo los ojos inundados de tempestades que apenas me dejan parpadear. Medio cegada decido marcharme y alzo la mano para despedirme, pero mis fuerzas flaquean y no puedo hacer otra cosa que contemplarte.

Adoro todo tu ser, me acerco a tus cabellos e inspiro con fuerza metiendo la punta de mi nariz entre tu pelo, quiero tatuarme el olor a eunuco que desprendes y llevarlo conmigo, hacia donde me dirijo.

Sigilosa, me tumbo acurrucada en el filo de la cama convirtiéndome de nuevo en aquella niña asustadiza, temerosa de caminar por rutas sin luz. Mis húmedos labios se posan delicadamente sobre tus manos que al reencontrarme recorren con un leve temblor mi rostro.

Te necesito, lo sientes y volviéndote hacia mí ahuecas tu pecho lo justo para que pueda meterme dentro. Cobijada entre un puñado de musicales costillas espero que el dulce sueño te invada para poder abordar tu alma de pirata.

Quiero pasar el resto de mi vida enredada entre tus muslos de nácar.

Te quiero, mi primavera, mi oscuridad, mi espina rosada.

Y cuando amanezca y el lado de mi cama se encuentre frío, sabrás que estoy recorriendo el fin del mundo, añorando tus ganas, tu sonrisa chinesca, el azabache de tus ojos con los que me decías, sin palabras, que la vida, sin mí, no era nada.

Aljana.


Sylvia Plath

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Sylvia Plath


Sylvia Plath (1932-1963). Fue una poetisa y novelista nacida en Boston un 27 de Octubre. Era una mujer de grandes cualidades que comenzó desde muy joven a escribir. Estaba rodeada de muchos admiradores de su belleza y escritura, tenía fama, dinero, dos hijos pero una vez más esto no fue suficiente para su felicidad y un día, tras poner una toalla en la puerta, abrió el gas y metió su dorada cabeza en el horno.

Ha pasado a formar parte de todo un elenco de escritores cuyas obras son intensas, llenas de frases galopantes que hieren con sentimiento y fuerza los corazones de los lectores, atrapándote entre la carcel de sus versos. Cuando uno se fija en escritores de esta intensidad comprueba que la gran mayoría de ellos se suicidaron, tuvieron vidas complicadas y la cabeza llena de fantasmas. ¿Es tal vez necesario tener un toque de locura y desesperación para escribir tan magistralmente?

Al suicidarse rompió en mil pedazos esa campana de cristal (Título de uno de sus libros) y escapó para convertise eterna mediante su palabra.

Muchos son los que culpan a su esposo Ted Hughes, también poeta, del suicidio de Sylvia, por sus continuas infidelidades y la forma en la que la trataba, pero la realidad es que ella sufría de un trastorno bipolar no diagnosticado presente en algunas de sus obras ya antes de conocerle a él. Aún así el abandono de su esposo hizo que la locura adormecida de Plath despertara más fuerte aún que antes dando lugar a su suicidio y también a la creación de sus mejores poemas.

Envidiaba tremendamente a los hombres y rivalizaba con mujeres. “Soy una vampiresa que no repara en castrar a esos arrogantes que se vuelven críos en el momento de la pasión”, “Entro en el juego de la dulce virgen americana, vestida para seducir”, estas frases reflejan la coquetería y seducción con la que jugaba demostrando fuerza y dominio ante el sexo “fuerte” del que le hubiera gustado formar parte.

Pero la historia no acaba con su muerte, décadas después le ha seguido su hijo, el 16 de marzo de este año, Nicholas Hughes se ahorcó en su casa de Alaska con una cuerda. Llevaba muchos años de depresión encerrado en su soledad de la que salía de vez en cuando al impartir clases en la Universidad de Alaska-Fairbanks, era biólogo marino.

Entre sus obras se encuentran:

  • El coloso (poesía)
  • Ariel
  • Cruzando el agua
  • Árboles de invierno
  • Poemas completos
  • Poesía completa
  • La campana de cristal con el pseudónimo de “Victoria Lucas”.
  • Cartas a casa
  • Johnny Panic y la Biblia de sueños
  • Los diarios de Sylvia Plath

El último poema que escribió Sylvia:

LIMITE

La mujer alcanzó la perfección.

Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de realización,

la apariencia de una necesidad griega

fluye por los pergaminos de su toga,

sus pies desnudos parecen decir,

hasta aquí hemos llegado, se acabó.

Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes,

uno a cada pequeña jarra de leche ahora vacía.

Ella los ha plegado de nuevo hacia su cuerpo;

así los pétalos de una rosa cerrada,

cuando el jardín se envara

y los olores sangran de las dulces gargantas

profundas de la flor de la noche.

La luna no tiene por qué entristecerse,

mirando con fijeza desde su capucha de hueso.

Está acostumbrada a este tipo de cosas.

Sus negros crepitan y se arrastran.


Palabras mojadas

Palabras

Me acerco al precipicio de un océano sin ti, donde me gustaría desmembrar delicada y suavemente mi conciencia.

Compruebo como las letras se agolpan de manera torpe y alborotada sobre las desgastadas tapas de cuero, mientras sus amarillentas hojas, una tras otra, se despliegan alentadas por la salada brisa marina.

Observo el leve oleaje que se va extendiendo hacia mis pies, refrescándolos con un húmedo abrazo mientras añoro el último beso que nos dimos antes de que, sin avisar, se catapultara nuestra historia.

¿Quién no ha deseado alguna vez alargar sus brazos y atravesar con ellos el horizonte? ¿Quién no ha soñado en viajar al otro lado del mundo? Ir a parar sin equipaje al mismo sitio donde tu te encuentras, lejos de la yema de mis dedos.

Quizás pueda recorrer miles de kilómetros, fondear todos los océanos en busca de tu rastro, de tu aroma amargo de nostalgia. Pero me lo impiden mis pesadas piernas, agotadas de soportar el peso de mi alma ya hastiada y sombría, ya cansada de soñar sueños inalcanzables e inútiles. Cansada de errar por praderas de confusión y tierra infértil.

Es hora de recogida, pero mis manos están casi vacías, sólo queda en ellas un pegajoso rastro formado por partículas de una experiencia que no quiero, una realidad que abandonaré en un carcomido baul, maniatándola con mis cabellos y condenándola a vivir, para siempre, en el fondo de aquel mar en el que nos amamos.

Aljana.


El secreto (The Secret)

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Libro posterior a un documental del mismo nombre y escrito por Rhonda Byrne guionista y productora de televisión australiana.

El secreto… basado en la Ley de la Atracción, es decir, somos como una especie de imán que atraemos las cosas hacia nosotros con nuestra mente, a través de los pensamientos ¿Qué se supone que es esta Ley? Todo lo que llega a nuestra vida es debido a lo que deseamos. Somos creadores del mundo que nos rodea, construido mediante pensamientos positivos, borrando el No quiero de nuestras frases y dejando las quejas a un lado.

Es un libro interesante, al que considero de autoayuda con algunos comentarios llamativos, decorados con una pincelada de misterio y mística, ya que supuestamente es algo conocido sólo por unos pocos afortunados, siendo todos ellos famosos, genios o personas que amasan grandes fortunas, gracias al “Secreto”. Nos lo presentan como la ley que nos hará conseguir todo en la vida, todo cosas buenas, claro: un buen trabajo, dinero, amor, salud…Pero creo que es un intento para hacernos sentir algo mejor de lo que acostumbramos, con un toque de psicología positiva y buen marketing convirtiendo esta Ley en un secreto a voces y en un indiscutible betseller, aunque no por ello hemos de ponerlo en el top de la lista al mejor libro de la historia.

Tener un pensamiento positivo sobre la vida, en general, ayuda mucho a que esta sea más fácil y de una mayor calidad, pero no estoy de acuerdo con que todo lo que sucede depende sólo de ellos y mucho menos que no nos va a ocurrir jamás nada malo, por muy positivos que seamos. Por el contrario si estoy de acuerdo cuando dicen que un pensamiento negativo puede dar lugar al estrés, de hecho suele ser la principal causa que lo genera. Podemos pensar muchísimo tumbados en un sofá las 24 horas del día, pero eso no significa que vayamos a ser ricos, estar sanísimos o encontrar a nuestra media naranja en lugar de nuestro medio limón. El pensamiento es muy importante pero también la constancia, las ganas, el esfuerzo y el ánimo. Es una mezcla de varias cosas que se suceden para dar lugar a lo que deseamos y/o necesitamos.

Creo que es un buen libro porque te ayuda a ser positivo, pero del cual hay que tomar sólo matices y no creerlo en su totalidad, ya que esto nos puede llevar a adoptar un pensamiento erróneo, porque no conseguiremos todo de esta forma, de hecho nunca se consigue todo. Nos podemos llevar cosas buenas de él que podemos aportar a nuestra vida, tales como ser positivos, creer que somos merecedores de las cosas buenas que nos pasen, mimarnos y construir una fuerte y sólida autoestima. Darnos la oportunidad de ser felices con lo que nos rodea, dejando las quejas a un lado y no dejarnos llevar nunca por el pesimismo. Relajarnos con un buen baño caliente, respirar profundamente frente al mar, disfrutar de cada sentido y sentimiento de manera intensa. Ser conscientes de que nos ocurrirán cosas malas pero que podremos superarlas y transformarlas inteligentemente en sabiduría y experiencia. Un sinfín de cosas que deberíamos tener todos en cuenta en nuestros pensamientos diarios. Estos si que pueden ayudarnos a construir el mundo que queremos, el mundo que deseamos, porque la imperfección, los errores y las caídas, también son bellos.


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