Archivo de la categoría: Mis escritos

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Sólo tú,

puedes otear la cumbre para hallar las baldosas amarillas.

Sólo tú,

puedes tejer emociones cambiantes a cada suspiro.

Tú,

aquella que se esconde entre ladrillos disfrazados de hogar.

Tú,

con los pies clavados en la acera,

sin poder avanzar,

con el corazón acelerado y la mente sudorosa.

Tú,

la que perdió el brillo, el ímpetu y el sueño.

Tú,

la que está frente al espejo,

la que escribe estos versos.

 

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Un pedazo de mí

moder

Mis ojos lloran.

Mi boca deshuesa.

Mi corazón se engrandece tras las caídas

porque no siempre el fango me sentó mal.

No siempre la esperanza se esconde en un laberinto inaccesible.

 Mi existencia se encuentra en tiempos de guerra, 

mientras observo que todo está lleno de desembocaduras.

Demando sensibilidad,

porque el dolor dejó mi empatía dañada y a flor de piel.

Todo el mundo quiere un pedazo de mi,

 pero tras revolcarme la ola, no encuentro una mano tendida

si no una última bocanada de aire.

 

 

 


Canto Druida

 

 

Un canto druida llamó la atención de mi lado creyente en cuentos de hadas y decidí salir.

No era fácil alejarme del crepitar de la hoguera donde pasaba los días de hiel.

Al abrir la puerta, un halo de lluvia me hizo retroceder al interior,

Respiré hondo, encontré tu olor y salí, había llegado el momento.

No había más que niebla, una niebla juguetona y cantarina que revoloteaba sobre los arbustos,

y coronaba a un viejo sauce que mecía sus ramas al mismo compás con el que tú y yo la noche anterior, danzamos.

Su familiaridad me apabulló y apoderándose de mí giré infinitamente sobre mis pies hasta crear círculos de guijarros para aplacar mi temor.

Me puse de rodillas, te besé y tatué con mis pechos la tierra de la que ahora y por siempre formarás parte.

Fue el momento en el que me desnudé de tu piel.

En el que tus cabellos de oro dejaron de deslumbrarme.

Adiós, ángel protector, ya sabes que soy pájaro y no flor.

La niebla ya se va apaciguando y con sus manos me llevan danzando hacia el final.

Tú creando raíces, yo nadando por mar.

Y  en nuestro hogar el crepitar.


Quiero ser mar

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Quiero ser mar,

bravo y majestuoso.

Y esconder pesares en caracolas vacías.

Acunar cadáveres.

Mostrar el rostro a los perdidos.

Ser inspiración de versos y óleo.

Escupir lo que me sobra,

Regalando al que lo recoja ilusiones disfrazadas.

Quiero ser mar para acabar mis días acariciando arena.


Correr hacia atrás

 

 

Con el paso de los años va creciendo la necesidad de volver atrás,

A esa habitación llena de muñecos rozados con ojos inquisidores.

Cuando la almohada y el pelo olían a pub y risas.

Cuando la pasión de la luna había dejado marca en la nuca.

 

Días de instituto y de gradas.

Todo pasa tan rápido que da vértigo.

Toda una vida por delante para pasarla mirando hacia atrás

 ¿Y si retrocedo?

 

Si vuelvo corriendo, desbocada, a los días de suspiros sobre el edredón,

De dormir en andenes para ver cómo pasan los trenes como estrellas fugaces.

Se me olvidó pedir deseos,

Se me olvidó vivir

Nadie me dio las instrucciones para no tener mi cuerpo eternamente en carne viva.

Recopilé cientos de excusas para no encontrar el camino.

Si retrocediera….

¿Debería regresar?


Ocaso

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Hoy lloro kilómetros por ti.

Nunca imaginé que no podría despedirme.

Que no podría velarte ni darte un beso que me dejara gélida la piel.

Tu partida ha provocado un tsunami que ha desbastado parte de mi inocencia, de mi esperanza por la eternidad.

Si hubiera podido elegir el momento, tu suspiro final habría sido en nuestra playa con los pies en remojo absorbiendo salitre por los poros.

Con mi pelo entrelazado al tuyo para asegurarme de que no te vas, mientras el sol se reverencia ante ti, como no podría ser menos.

Tú no puedes morir, no pueden morir tus besos sonoros, tus caricias en mi sien mientras apoyo la cabeza en tus rodillas, tus ay mi niña que bonita eres y cuánto te quiero.

Ahora ¿qué hago yo con todo eso? Con todo aquello que me rebosa a borbotones hasta el punto de dejarme sin oxígeno.

Llevo cuatro días frente a un espejo porque dicen que soy clavada a ti.

Pero no encuentro tu esencia, ni tu fuerza, ni tus ojos nobles, sólo veo ramas atrapadas en ventanales, olas envolviendo tempestades, marcas de uñas arrastradas en mi cerebro.

Me enseñaste que la vida da duro, pero que había que serlo aún más que ella,

Eras una maga de la tenacidad y el sacrificio,

un oráculo de inteligencia de la calle de la que se mama y no se estudia.

Estoy jodida, me has dejado un legado de vida, pero no la forma de inmolar mi desazón.

Dame fuerza para poder vivir sin verte.

 


Chica del vestido blanco

 

Con la luz apagada y los ojos abiertos,

comparto noche de insomnio con Morfeo,

Cuyos brazos atraviesan mi garganta,

Desbaratándome el miedo

Rezumando sonido de nostalgia.

 

 

 

 


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