Al fin me lancé

Llevaba ya mucho tiempo rondándome la cabeza poner mi voz a mis letras y creo que ha llegado el momento.

 

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Ocaso

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Hoy lloro kilómetros por ti.

Nunca imaginé que no podría despedirme.

Que no podría velarte ni darte un beso que me dejara gélida la piel.

Tu partida ha provocado un tsunami que ha desbastado parte de mi inocencia, de mi esperanza por la eternidad.

Si hubiera podido elegir el momento, tu suspiro final habría sido en nuestra playa con los pies en remojo absorbiendo salitre por los poros.

Con mi pelo entrelazado al tuyo para asegurarme de que no te vas, mientras el sol se reverencia ante ti, como no podría ser menos.

Tú no puedes morir, no pueden morir tus besos sonoros, tus caricias en mi sien mientras apoyo la cabeza en tus rodillas, tus ay mi niña que bonita eres y cuánto te quiero.

Ahora ¿qué hago yo con todo eso? Con todo aquello que me rebosa a borbotones hasta el punto de dejarme sin oxígeno.

Llevo cuatro días frente a un espejo porque dicen que soy clavada a ti.

Pero no encuentro tu esencia, ni tu fuerza, ni tus ojos nobles, sólo veo ramas atrapadas en ventanales, olas envolviendo tempestades, marcas de uñas arrastradas en mi cerebro.

Me enseñaste que la vida da duro, pero que había que serlo aún más que ella,

Eras una maga de la tenacidad y el sacrificio,

un oráculo de inteligencia de la calle de la que se mama y no se estudia.

Estoy jodida, me has dejado un legado de vida, pero no la forma de inmolar mi desazón.

Dame fuerza para poder vivir sin verte.

 


Chica del vestido blanco

 

Con la luz apagada y los ojos abiertos,

comparto noche de insomnio con Morfeo,

Cuyos brazos atraviesan mi garganta,

Desbaratándome el miedo

Rezumando sonido de nostalgia.

 

 

 

 


Lo que quiero ser

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El regreso

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Respirar,

profundo,

ritual mágico que empleo un par de veces al año

para llenar cada pliegue de mi piel de sal.

 

Ha empezado la cuenta atrás,

se aproximan las despedidas de sentimiento,

la hora de lágrimas en la maleta.

 

Desde que me fui agosto huele a Navidad.

 

( Para los que dejamos nuestro hogar atrás).

 

 


Hazme violín

04Me tocaste, para que sonara a violín,

a pena desgarrada.

Evocabas recuerdos,

Risas de ébano, llanto de sauce.

¡Atraviésame el corazón!

Y lo hice.

Pero tus latidos no cesaron,

Se hicieron inmortales al compás de cada nota.

 Todo fue un truco para arrebatarme la melodía


Tu calor

 

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Autor Fotografía: Marcos Ferreiro

 

El despertador suena, a lo lejos.

Intento acallarlo confundiendo su vibración con la de tu cuerpo.

Busco con mis dedos los tuyos,

Pero no hay nada.

Ni tus mejillas, ni tu lengua, ni el pozo de tus ojos,

Donde me ahogo al expiar pecados mientras gimo.

Sólo queda tu calor,

Y el despertador no para de sonar.


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