El batallador

Hubo un batallador, que tras el graznido diario del reloj y un café se engalanaba con una armadura oxidada, la misma, que tiempo atrás centelleaba, exaltante tras la victoria. Ahora pasa el tiempo restaurando los golpes, con besos                        sin mordisco                                                   en el desenlace.  

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Tras el velo y el viento

    Me escondo tras un velo del viento, El que provocaste al llegar, Distrayendo mi mente ansiosa con tus besos gruesos en tus leves labios. Jugaste con mis rizos, con mi piel y con mis ganas. Me hiciste bella, Pero te fuiste, Y el ansia regresó de la mano de un espejo roto.

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