La decisión de Daniel

Eran las 21,59 horas del día 21 de mayo, yo estaba realizando un trabajo en una red social, cuando de repente me llegó un mensaje de Daniel. Por norma, si estoy centrada en algo no suelo leer los mensajes hasta que no he terminado, pero ese día decidí dejar a un lado lo que estaba haciendo y lo leí. Daniel se despedía, de su familia, amigos, gente conocida. Se despedía incluso de quien jugó con su nobleza. En todos los cuentos hay una bruja. Daniel se despedía a los 31 años de la vida. Mi estómago dio un vuelco, mi corazón casi paró. Con toda la rapidez que los nervios me permitían contacté con todos los que le conocían para avisar. No sabía qué hacer. Al igual que yo, otros habían leído su mensaje y comenzaron los intentos de todos nosotros por localizarle. A través de mensajes por móvil, redes sociales y llamadas nos volcamos, éramos como una hormiga intentando para un tren de mercancías. Al amanecer me llegó el aviso, lo había conseguido. Un minuto después de publicar el mensaje, lo hizo. Todo acabó.

El día de su funeral, éramos centenares de personas los que nos despedíamos de él con toda la sinceridad, respeto y prudencia posibles, no nos importó la tormenta, necesitábamos estar allí. Ese día volví a creer en la calidad humana. No hubo ningún comentario fuera de lugar, ningún cotilleo de plaza de pueblo. Todo eran bondades, porque él era así, bondadoso, bueno. Siempre tenía una sonrisa, quizás las gastó todas demasiado deprisa. No le conocía tanto para saber en qué situación se encontraba pero ojalá lo hubiera sabido. Él quizás, se ha liberado, era lo que él quería. Pero en esa decisión dejó a demasiada gente sintiéndose culpable, con muchas incógnitas sin resolver. Nunca vi tantas voces calladas, tanto silencio, tanto respeto.

Hoy,  viernes por la tarde el lado del pabellón donde entrenaba a sus pequeños a fútbol sala, está vacío, con luz apagada. Resuenan las risas, lejanas, como un eco. Al fondo, sentado en un banco, está José, el entrenador de Basket con el que compartía sala. Me ha roto el corazón al verle. Nos hemos dado un apretón de mano, afectuoso. José con los ojos vidriosos, el corazón encogido y con voz tranquila me relataba las tardes que compartían, cómo le querían sus chicos, que le seguían como si fuera el flautista de Hamelin. A penas puede seguir la conversación sin emocionarse. Que grande eres José.

 

Esto que escribo no es ninguna historia inventada ni fantaseada, es un hecho real y he tenido la necesidad de contarlo, tal y como ha sucedido, por todos aquellos “Daniel” que toman decisiones.

 

Siempre hay una salida, siempre hay una solución, no dejemos que nuestra obsesión egoísta nos nuble y nos impida ver a nuestros padres, que tanto han dado por nosotros, a nuestra familia, amigos e incluso conocidos. No uséis vuestra valentía para huir de la vida, usadla para luchar, para seguir levantándoos, para encontrar la solución, porque la vida no es de color rosa, pero tampoco negra. Luchad siempre, aunque sea a rastras. Que vuestra decisión sea contar los que os sucede, gritarlo, vomitarlo da igual a quien o como. Pero nunca dejéis un vacío tan grande, una soledad tan jodida, y especialmente a unos padres que desesperados se preguntan en qué se han equivocado.

Vuestra decisión no sólo marca vuestras vidas, sino también de las personas que os quieren, y os aseguro que lo hacen.

Luchad y principalmente quereos a vosotros mismos.  Porque después de una bocanada de fango, la vida nos vuelve a atrapar y nuestras ganas de ella también.

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4 comentarios sobre “La decisión de Daniel

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  1. Un tema muy duro que has sabido tratar con dulzura y contundencia. Y qué complicado hacer ese descubrimiento interior, de que todo es posible, de que siempre hay salidas, aunque tengamos que construirlas desde el dolor. ¡Gracias por ello!

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  2. A ti por tus palabras. Es muy complicado. Muchas veces no vemos más allá de la oscuridad. El problema es cuando alguien toma la decisión de no seguir, antes de que la tormenta amaine. Como ha pasado esta vez. Una pena.

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  3. Muy certeras tus palabras, a veces estamos en dificultades que la vida nos prepara y creemos que la mejor solución es abandonar sin pensar en nada mas . Pero hay que luchar, si caemos nos levantamos y seguimos. Gracias por compartirlo.

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