Archivo mensual: mayo 2009

Entre tinieblas

soledad

A través de las tinieblas llegué hasta a ti. Desvanecida y deshecha de un amor ya caducado, comencé a leer tus letras de las que creí comprender todo el universo del que una vez quise escapar.

El único momento del día en el que puedo ser yo misma, es cuando estoy sola, alejada del bullicio de voces que truenan en mis tímpanos, iluminada por gordas luciérnagas suspendidas del techo. Pero huyo de mi y me acerco treinta horas al día a los pliegues de tus rodillas para que no me dejes a solas con mi rostro.

Pequeña guerrera de la luz quise ser y pasaba las horas luchando contra la mar rizada para evitar a duras penas que mi locura fuera irreversible, más lo único que conseguí, fue perder tus brazos y dilapidarme a un mundo de frigidez consentida.

Ya no se como sabe que me acaricien el cielo de la boca con pasión desbocada, ni que me vean como una princesa bella y única.

Ahora no soy más que los restos del diamante que intentaste pulir a tu antojo, una muñeca dirigida por cordeles deshilachados de hilo espinoso.

Lamento, sinceramente, que no hayas conseguido parar y embadurnarte de mi esencia, pero que he de esperar de un Ser frío e insensible con ojos de lagarto, oscura culebra eres…de palabrería escasa y de dudosa calidad.

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Sirveme tus miedos

gothic

Sírveme tus miedos, entrégame las tinieblas que enfrían aquella belleza que, estúpida y miedosa, partió entre brumas escondida en el camarote de un cadavérico velero.

Introduce lo que azota tu espíritu de niño adormecido entre la telaraña de mis piernas y haré que lo que ahoga tu garganta desaparezca mientras esperamos la llegada del ángel sin sexo.

No puedo prometer que tras tu entrega todo vuelva a ser como antaño, ni que te vuelva a palpitar el pecho, ni siquiera que tus pulmones bailarán al son del crepúsculo, pero cuando uno ya no está vivo, cuando ya las ganas se esfumaron junto con el alba, lo único que nos revive es sentir de nuevo un falso reflejo en nuestra piel y brindar con copas de sudor la victoria obtenida en forma de placer.


Con la mirada perdida

Contador

Caminaba por el margen derecho del asfalto fijándome en todos los espléndidos y veraniegos transeúntes cuando, según alzaba los pies para continuar, sentí que mis ojos se convertían en un objetivo que capturaba a todos los figurantes que pasaban a mi alrededor a cámara rápida, mientras ella, la de mirada perdida, se mantenía quieta, decorada con un aura de locura, con los pies sobre una oxidada tapa de contador.

Vestía su mejor atuendo, un jersey fucsia adornado con decenas de bolitas de lana, delicias de felino.

Su blanco pelo mostraba los surcos dejados por dientes de plástico en un apresurado acicalamiento, pero lo más destacado eran sus tristes ojos, rodeados de bolsas repletas de vivencias cuya única sujeción se encontraba en su rechoncha nariz de payaso triste.

Y ahí es cuando deseé meter mis manos en su cabeza y robarle los recuerdos malos, o ser medicina y sanar su mente para que pudiera ver el mundo bello, un mundo en el que también hay sentimientos que reconfortan un alma quebrada, quizás así pudiera impedirle, aunque fuera por una sola vez, que vagara por inhóspitas tierras llenas de seres que nacieron escasos de humanidad.

Es la historia interminable que se cuela en mi cerebro un día más, en el que la impotencia recorre mi espina de pez prehistórico de manera inservible, porque bastan unos segundos para que esta se desvanezca al igual que un trozo de hielo en una taza de café.

Formo parte de un grupo de falsa compasión y pena en el que con tan sólo alejarnos unos metros de la escena, volvemos a nuestras cálidas casas olvidándonos de las espaldas rotas por el frio y noches sobre hormigón.


Tarde

gran_garcia_lorca

Federico García Lorca

Tarde lluviosa en gris cansado,
y sigue el caminar.
Los árboles marchitos.
Mi cuarto, solitario.
Y los retratos viejos
y el libro sin cortar…

Chorrea la tristeza por los muebles
y por el alma. Quizá
no tenga para mí Naturaleza
el pecho de cristal.

Y me duele la carne del corazón
y la carne del alma. Y al hablar,
se quedan mis palabras en el aire
como corchos sobre agua.

Sólo por tus ojos
sufro yo este mal,
tristezas de antaño
y las que vendrán.

Tarde lluviosa en gris cansado,
y sigue el caminar.


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