Archivo mensual: diciembre 2008

Medir el Tiempo

Reloj

¿ Cómo se mide el tiempo?

Yo no lo mido ni en segundos, ni en horas, ni en años.

Lo mido con tus suspiros al acariciarte, cuando te estremeces de gozo, con las lunas llenas a través de una cortina gélida y roída.

Lo mido al observar mis manos, comprobando que se van llenando de mapas hechos de piel y venas, marcando rutas que no se a dónde me llevarán ni si habrá alguna de retorno.

¿ Acaso no es eso el tiempo?

¿ No es algo que según va pasando nos va mostrando el camino que nos queda y el que dejamos atrás?

¿ Quién me guiará para aceptar que cuanto más sienta, sufra, ría y llore menos de todo ello me quedará?

Y eso es lo que somos, figuras cambiantes, creaciones de barro barato, regando nuestras huellas con esencia impúdica.

Vamos oxidándonos, agrietándonos ante Crono, haciéndole ofrendas de sangre y miedo, sudor y lágrimas.

¿ Pero qué sucede con el espíritu?

Mi alma va contracorriente, mis articulaciones se atrofian, pero ella me pide jugar más y más… insaciablemente.

Los labios se entumecen ¡pero quiero más risas!

El estómago se desfigura ¡pero quiero ser amante!

En mi rostro se están esculpiendo profundos surcos difíciles de franquear incluso por los mejores atletas.

El tiempo, el cuerpo, el alma y el espíritu.

Un rey y tres caballeros errantes y desvergonzados, que hacen de mi lo que se les antoja, condenándome al exilio del Universo, fuera de las fronteras de lo divino, consiguiendo borrar sin clemencia el rastro de los océanos que una noche bañaron mis entrañas.

Aljana.

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El Lobo

lobo

Te he dejado entrar en mi cabeza y sin darme cuenta me has desordenado los papeles.

Has ido de puntillas, sigiloso, abriendo libros amarillentos llenos de polvo gris, atreviendote a desenmascarar las tímidas sonrisas olvidadas que antaño te enamoraron.

Despierto en el laberinto de las caricias que un día me entregaste a cambio de mi enjironada alma.

Y ahora, sin alma, deambulo por empedrados y resbaladizos callejones buscando el punto de retorno a tus brazos.

Necesito tu sed, tu ansia, tu filosofia indecente.

Miro de un lado a otro entre la niebla de la sinrazón ¡ oh si! Te veo a lo lejos ¡Eres tu!

Frotándome los ojos acierto a ver un lobo de pelaje crespo y azabache.

Huelo el peligro de su presencia como el olor de tu cuello tras días sepultados en la cama, tras fuertes y mimadas caricias, incrustándonos el somier tras infinitas batallas de piel y sudor.

Pronuncio tu nombre y en los ojos del animal veo mi reflejo, el nuestro, sin luz, sin hablar, sosteniéndonos casi sin aire, sólo con el brillo de nuestros ojos como guía y nuestros dedos entrelazados como flotador de salvamento.

Me acerco a él, quiero acariciarle, es lo único que deseo.

Pongo mis manos sobre su lomo y justo en ese momento lo comprendo todo.

Quiero gritar y ensordecer mi corazón con el estallido de mis cuerdas vocales.

¿ Pero no es mejor quizás dárselo a la bestia que una vez me llenó el alma de caricias impregnadas en locura?

¿ Pero no es mejor quizás traerle de nuevo a mi lado, tenderle mi mano y atravesar por fin, juntos…?

¡No! ¡Basta!

No quiero aceptar que veas a otras sonrisas, ni otros rizos, ni otras muñecas perdidas y desvalidas que se asemejen a mí.

Quiero ser yo, como antes, pero diferente, sin miedos, sin alas astilladas, sin piernas escayoladas.

Fue así y nada se puede hacer ya.

Creí que tomaba una decisión y en verdad la tomo ese enano cabrón y burlón llamado inconsciencia.

Ya no puedo seguir dejando un rastro de gotitas de sangre para que me localices.

Enterraré mis muletas, mis ansiedades y el pánico de la realidad.

Necesito vivir, sentir estallidos de sensaciones dentro de mí, y para ello no me queda más que camuflar mi naturaleza, mi espíritu dormido y cambiar mis sueños por realidades menos punzantes y agonizadoras.

Sólo así será posible que el tiempo que me aleja de ti, nos una en la próxima realidad, aunque se nos haya caído la piel, la dentadura e incluso la dignidad.

Dignidad que no se dónde metí el día que te despedí sin quererlo.

El día que sentencié a muerte mis sentimientos, mis íntimas pasiones, para poder mantener en pie mi cuerpo y mi cordura, ambos que irónicamente perdí tras ese adiós.

Aljana.


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